Junio de 2026 está registrando una convergencia de anuncios de inversión en infraestructura de IA que no tiene precedentes en la historia de la tecnología. Cuatro desarrollos simultáneos —desde el megacampus de OpenAI en Ohio hasta las moratorias regulatorias en Nueva York y Seattle— dibujan un panorama de expansión acelerada y tensión creciente que definirá los próximos años del sector.
Actualización del 4 de septiembre de 2026. El arrendamiento de Ohio, que en junio eran negociaciones, se firmó el 17 de agosto. La sección correspondiente recoge ya las cifras del anuncio oficial; el resto del artículo describe junio de 2026 y se conserva como tal.
OpenAI y el megacampus de Ohio: la escala cambia de planeta
En junio, OpenAI estaba en negociaciones avanzadas para arrendar un centro de datos de 10 gigavatios en el antiguo emplazamiento de la Planta de Difusión Gaseosa de Portsmouth, en el sur de Ohio: terreno del Departamento de Energía, construido durante la Guerra Fría para enriquecer uranio y parado desde 2001. Reuters estimaba entonces el coste total de construcción en al menos $500.000 millones a precios de chips, mano de obra y energía.
El acuerdo se firmó el 17 de agosto de 2026. Según el anuncio oficial, SB Energy —la energética respaldada por SoftBank, que ya había empezado a mover tierra en marzo— construye, posee y opera el PORTS-Pike Technology Campus, y OpenAI lo arrienda durante 20 años. La capacidad comprometida son 8 IT-GW de cómputo, de los que los primeros 4,25 IT-GW están cubiertos desde ya, con opción a ampliar. NVIDIA invierte $1.500 millones en SB Energy y el campus alojará su cómputo en exclusiva. SB Energy y SoftBank ponen además al menos $4.200 millones en la red eléctrica de la región, y hay un fondo de compensación local de $80 millones al que OpenAI suma otros $40 millones.
La capacidad entra por fases a partir de 2028, no de golpe. Para dimensionarlo: un gigavatio ronda la capacidad de un reactor nuclear grande, y diez bastan para alimentar unos ocho millones de hogares estadounidenses. Es, por amplio margen, el centro de datos más grande jamás concebido.
Conviene retener la distinción que el propio anuncio hace y la prensa suele perder: los gigavatios de cómputo (IT-GW) no son los mismos que los del emplazamiento. Y que el contrato exista no garantiza que se construya entero: OpenAI ya abandonó en fase tardía un plan de centro de datos en Reino Unido, por coste energético y regulación.
Broadcom, Blackstone y Apollo: el capital privado entra en escena
El 9 de junio, Broadcom, Apollo Global Management y Blackstone anunciaron conjuntamente la creación de la “Plataforma AI XPV”, una estructura de financiación estratégica que lanza con una transacción inicial de $35.000 millones para más de 1 GW de capacidad de cómputo de IA. La plataforma está diseñada para habilitar más de 20 GW en capacidad total para 2028, utilizando chips de Broadcom.
El modelo es innovador: no se trata de un fondo de inversión tradicional, sino de una “solución de capital” basada en crédito privado y deuda estructurada, con participación de los principales bancos globales. Apollo lidera la operación en asociación con Blackstone, y el destino de esa capacidad de cómputo son los laboratorios frontier de IA —con Anthropic mencionado como posible cliente principal, dado que ya utiliza chips Broadcom.
Esta plataforma refleja una tendencia más amplia: el capital privado está reemplazando gradualmente a los balances corporativos tradicionales como la fuente dominante de financiación para infraestructura de IA. La escala requerida —decenas de miles de millones por proyecto— supera lo que incluso las grandes empresas tecnológicas pueden financiar internamente.
Oracle: el capex se dispara y la deuda se acumula
Oracle presentó el 10 de junio sus resultados del cuarto trimestre fiscal de 2026 (finalizado el 31 de mayo), con ingresos trimestrales récord de $19.200 millones (un 21% más interanual) e ingresos anuales de $67.400 millones (un 17% más). Sin embargo, lo que captó la atención del mercado fue su gasto de capital: $55.700 millones en el año fiscal 2026, un incremento del 162% respecto a los $21.200 millones del año anterior.
Y la tendencia no se detiene. La compañía guidó para el año fiscal 2027 un capex neto de aproximadamente $70.000 millones, con planes de recaudar unos $40.000 millones en deuda y capital adicionales —incluyendo una emisión de acciones de $20.000 millones ya anunciada. La deuda total de Oracle al cierre del año fiscal se situó en unos $117.000 millones, convirtiéndola en el mayor emisor de deuda corporativa fuera del sector financiero.
La reacción del mercado fue inmediata: las acciones de Oracle cayeron más de un 7% tras el cierre, reflejando la preocupación de los inversores por el creciente endeudamiento y la pregunta de si estos niveles de inversión generarán retornos proporcionales. La división de cloud de Oracle —que incluye OCI (Oracle Cloud Infrastructure)— generó $34.000 millones en ingresos anuales, un 39% más, pero el costo de esa expansión está siendo extraordinariamente alto.
El contrapeso regulatorio: moratorias en Nueva York y Seattle
Mientras la inversión privada en infraestructura de IA se acelera, los gobiernos locales comienzan a frenar. Dos jurisdicciones clave han aprobado medidas restrictivas en junio:
La Legislatura del Estado de Nueva York aprobó la “Ley de Centros de Datos Responsables” (Senate Bill S9144A), que impone una moratoria de un año sobre la emisión de permisos para nuevos centros de datos de más de 20 MW. Es la primera moratoria estatal de este tipo en Estados Unidos. La ley exige que la Comisión de Servicio Público emita órdenes para minimizar el impacto de los centros de datos en las tarifas eléctricas y de gas para usuarios residenciales, comerciales e industriales. La gobernadora Kathy Hochul debe aún firmar o vetar el proyecto de ley.
Por su parte, el Concejo Municipal de Seattle —ciudad sede de Amazon y Microsoft— aprobó una prohibición de un año para nuevos centros de datos de IA. La medida refleja el creciente malestar ciudadano ante el consumo energético masivo de estas instalaciones, en un momento en que las redes eléctricas de muchas regiones ya están tensadas por la electrificación del transporte y la calefacción.
Estas moratorias no son casos aislados. Varios estados están considerando legislación similar, y el debate sobre el impacto ambiental y energético de la IA se intensifica a medida que los proyectos alcanzan escalas que antes eran inimaginables. Un centro de datos de 10 GW como el planeado por OpenAI consumiría, por sí solo, el equivalente a la generación de varias centrales nucleares.
El choque de tendencias
Lo que hace único este momento es la simultaneidad de los movimientos. Por un lado, la inversión en infraestructura de IA se aproxima a escalas cercanas al billón de dólares cuando se suman los proyectos de OpenAI ($500.000 millones), el gasto de capital de Oracle ($55.700 millones anuales), la plataforma de Broadcom/Apollo/Blackstone ($35.000 millones iniciales) y los planes de inversión de otros actores como Microsoft, Google, Amazon y Meta, que colectivamente gastarán cientos de miles de millones en los próximos años.
Por otro lado, la reacción regulatoria apenas comienza. Las moratorias de Nueva York y Seattle podrían ser solo el principio. El desafío para la industria será demostrar que el despliegue masivo de capacidad de cómputo de IA puede compatibilizarse con los objetivos climáticos, la estabilidad de las redes eléctricas y la equidad en el acceso a la energía.
La infraestructura de IA está alcanzando una escala que empieza a rivalizar con la de industrias enteras —la generación eléctrica, la construcción, el sector financiero. La pregunta abierta es si la regulación logrará mantener el ritmo, o si el freno regulatorio llegará demasiado tarde o demasiado temprano para un sector que se mueve a velocidad exponencial.
Fuente principal: NVIDIA Newsroom — PORTS-Pike Technology Campus