Por casi un año, empresas chinas estuvieron comprando los procesadores de IA más avanzados del planeta sin licencia. La puerta giratoria estaba en sus propias subsidiarias en el extranjero, y nadie en Washington se molestó en cerrarla hasta ahora.
El 31 de mayo de 2026, la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio de EE.UU. emitió una guía que, en efecto, tapa un agujero regulatorio que llevaba abierto desde mayo de 2025. La orden es simple: las empresas con sede en China necesitan una licencia para comprar chips avanzados de IA, sin importar desde qué país hagan la compra. Suena obvio, pero no lo era.
Para entender cómo se llegó hasta aquí hay que remontarse a enero de 2025, cuando la administración Biden publicó la llamada “Regla de Difusión de IA”, un conjunto de controles de exportación diseñados para limitar el acceso chino a semiconductores de última generación. Pero en mayo de 2025, la administración Trump —que había heredado la regla— anunció que no la haría cumplir. Esa decisión, presentada como un alivio regulatorio, creó una zona gris enorme: si la regla nueva no se aplicaba, ¿seguía vigente el requisito de licencia de noviembre de 2023 que la precedía?
La respuesta, en la práctica, fue que no. Durante aproximadamente un año, empresas chinas aprovecharon esa ambigüedad para canalizar chips Nvidia Blackwell y Rubin, y AMD MI350x, a través de subsidiarias en el sudeste asiático —Malasia fue un punto clave— sin pasar por el proceso de licenciamiento. Un solo analista de la industria citado por Reuters estimó que “cientos de miles” de unidades pudieron haber cruzado por esa ruta. Esa cifra no ha sido corroborada de forma independiente, pero el hecho de que aparezca en Reuters, CNBC y SCMP le da peso.
El gobierno de Trump no se dio cuenta, no actuó, o ambas cosas. Lo cierto es que pasó un año antes de que la propia BIS aclarara que sí, el requisito de 2023 siempre aplicó. “La guía reafirma que el proceso de ventas y verificación de Nvidia es correcto”, dijo un portavoz de la compañía a Al Jazeera. “Se requieren licencias para enviar productos controlados a empresas con sede en China”.
La ironía es espesa. Una administración que hizo de la dureza con China su bandera pasó un año sin hacer cumplir controles que su predecesor había puesto precisamente para eso. Y en diciembre de 2025, mientras el loophole seguía abierto, el mismo Trump autorizó la venta directa del chip H200 de Nvidia a China —menos potente que el Blackwell, pero seis veces más rápido que el H20 permitido antes— con un recargo del 25%. Dos políticas, dos direcciones, una misma Casa Blanca.
BIS fue pragmática con lo que ya estaba en terreno: permitió que los centros de datos que ya operan con chips adquiridos durante el período gris sigan usándolos sin restricción. Traducción: cualquier modelo de IA que ya se haya entrenado con esos chips no se puede desentrenar. El daño, si es que hubo daño, ya está hecho.
¿Esto resuelve el problema? No del todo. Chris McGuire, exfuncionario del Departamento de Estado, señaló que la guía no exige a TSMC ni a otras fundiciones hacer controles adicionales para verificar si los chips que fabrican terminan en manos chinas a través de intermediarios. El loophole de los chips se cerró; el de la manufactura sigue abierto.
Por qué importa
El episodio revela algo más profundo que una grieta regulatoria: muestra que la política de control de exportaciones de EE.UU. es, en el mejor de los casos, inconsistente. Un año de inacción en un área crítica de seguridad nacional no ocurre por accidente. Ocurre porque la maquinaria burocrática no siempre sigue el compás de la retórica política. Para China, fue una ventana de oportunidad. Para las empresas estadounidenses, incertidumbre. Para el contribuyente, la pregunta incómoda de si los controles realmente controlan algo.
La cifra de “cientos de miles” de chips sigue siendo el gran signo de interrogación. Nadie fuera de la cadena de suministro sabe con certeza cuánto equipo cruzó. Pero el solo hecho de que la pregunta exista debería preocupar a cualquiera que crea que la guerra tecnológica con China se está ganando.
Fuente principal: BIS Guidance Regarding Enforcement of License Requirements for Advanced Computing Items for Entities Headquartered in Country Group D:5 and Macau