En la última semana de mayo de 2026, tres de las figuras más influyentes de la inteligencia artificial hicieron algo que no suelen hacer los CEOs tecnológicos: admitir en público que estaban equivocados. O, en un caso, llamar “irresponsables” a quienes usan la IA como excusa para despedir gente.
Sam Altman, CEO de OpenAI, habló el 26 de mayo en una conferencia en Sídney. “Me equivoqué sobre qué tan rápido la IA transformaría el mercado laboral”, dijo. “Estoy encantado de estar equivocado.” Un año antes, el mismo Altman advertía que la IA eliminaría “clases enteras” de empleos.
Jensen Huang, CEO de Nvidia, fue más directo. En una entrevista con Channel NewsAsia el 24 de mayo, calificó de “perezosa” la narrativa que conecta la IA con la pérdida de empleos. “La IA acaba de llegar. ¿Cómo es posible que ya estén perdiendo trabajos?”, preguntó. Y remató: “Estamos asustando a la gente y eso es irresponsable.”
Dario Amodei, CEO de Anthropic, completó el trío. En mayo de 2025 pronosticaba que la IA “arrasaría” con el 50% de los empleos de oficina de nivel inicial. En enero de 2026 publicó un ensayo de 20 mil palabras sobre una disrupción “inusualmente dolorosa”. Para mayo de 2026, en una reunión con Jamie Dimon de JPMorgan, ya hablaba de la paradoja de Jevons: la idea de que la eficiencia puede expandir el trabajo en lugar de eliminarlo.
La pregunta incómoda es por qué ahora. OpenAI y Anthropic se preparan para salir a bolsa este año, cada una con valuaciones cercanas al billón de dólares. “Apocalipsis laboral” no es el mensaje que quieres enviar a inversionistas minoristas. Fortune, Forbes y Technology Magazine han señalado la coincidencia temporal.
Pero hay algo más que cinismo corporativo. Los datos respaldan a los escépticos. Un estudio del National Bureau of Economic Research publicado en febrero de 2026 encuestó a casi 6,000 ejecutivos en cuatro países. El resultado: aproximadamente el 90% de las empresas reportó que la IA no había tenido ningún impacto en el empleo ni en la productividad durante los últimos tres años. Cero.
Otra encuesta de PwC a 4,701 CEOs globales encontró que el 56% no ve retorno financiero de sus inversiones en IA. Solo el 32% reportó crecimiento de ingresos atribuible a la tecnología.
Esto no significa que la IA no vaya a transformar el mercado laboral. Pero sí significa que los plazos eran exagerados, las advertencias eran desproporcionadas, y los datos disponibles no respaldan la narrativa del cataclismo inminente.
La historia no es que la IA no sirva. Es que los mismos que vendieron el miedo ahora venden la calma, justo cuando necesitan que el público confíe lo suficiente para comprar acciones.
Fuente principal: Firm Data on AI — NBER Working Paper w34836